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Miguel Jara
30/04/10

No había terminado de leerme el excelente libro de Sonia Shah, Cazadores de cuerpos (451 editores, 2009) cuando sucede la muerte de cuatro niñas y los graves efectos adversos a más de un centenar tras ponerles la vacuna contra el virus del papiloma humano (VPH). Porque es de lo que se trata, de una cacería de cuerpos para alimetar el negocio de los ensayos clínicos y de los productos farmacológicos. Narra esta periodista de investigación, cuyo libro ha prologado el mismo John Le Carrè, autor de El jardinero fiel, sobre le mismo tema) que el Neeman Medical Internacional anuncian su capacidad para “acceder a grandes poblaciones de pacientes que aún no han sido explotados” de América Latina y Asia.

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Cuenta esta licenciada en Periodismo, Filosofía y Neurociencia acostumbrada a denunciar el poder corporativo, que ferias comerciales y conferencias apoyan esta reciente tendencia de hacer estudios clínicos masivos en países empobrecidos y que la prensa del sector ofrece “noticias esperanzadoras” con títulos como por ejemplo:

“La India, una oportunidad para realizar ensayos clínicos valorada en mil millones de dólares”.

Los paises pobres se han convertido en un enorme laboratorio planetario. Los fármacos que consumimos en Occidente cada vez más están probados en las poblaciones pobres e indefensas de estos países. Es lo que ha ocurrido en la India, Merck y GlaxoSmithKline, los comercializadores de la vacuna VPH aprovechaban varios factores que hacen interesante experimentar su preparado. En estos países hay una gran cantidad de personas en la miseria que venden su cuerpo a la “ciencia” por poco dinero. El factor cultural es fundamental, se experimenta con los pobres porque además de que cuestan menos no tienen la capacidad de información suficiente para valorar a lo que se prestan.

Los padres de estas niñas fallecidas eran en su mayoría analfabetos. Por otro lado, los gobiernos de estos paíes están encantados de recibir a las grandes corporaciones de la experimentación humana pues representan “inversiones“, llevan dinero. Y no olvidemos que las legislaciones en materia sanitaria y en concreto de ensayos clínicos son laxas comparadas con las de nuestros países, mucho más rigurosas, al menos sobre el papel. Y escribo esto porque ¿de qué sirve esta regulación del proceso de comercialización de un producto sanitario si luego cuando provoca graves daños en la salud de niñas, como ha sucedido en España no sólo con los casos de Valencia, el Gobierno no hace nada? Al menos en India lo están investigando. Qué paradoja.

Merck es uno de los laboratorios que preveía a estas alturas tener la mayor parte de su producción de ensayos en humanos en países pobres, según el libro Cazadores de cuerpos.

Hay que tener en cuenta que este producto ha sido muy cuestionado por los profesionales sanitarios que incluso han pedido desde el inicio de la vacunación una moratoria a la misma. La infección del VPH es condición necesaria pero no suficiente para adquirir el cáncer de cérvix y además, en el 90% de los casos, la infección remite de manera espontánea. La mortalidad por este tipo de cáncer es baja con respecto a los más corrientes y se produce en torno a los 60 años de edad en personas que no solían hacerse revisiones (las cuales han de seguir haciéndose aunque se hayan puesto la vacuna). Su eficacia no se ha estudiado en niñas, sólo en adultas. No protege de todas las cepas cancerígenas del VPH, es preventiva pero no cura. Su precio es muy caro, más de 300 euros las tres dosis -en algunas comunidades 500-. Y sobre su seguridad poco se sabe.

Urge que el Gobierno español ofrezca respuestas a los padres y madres de niñas afectadas por esta vacuna. Sanidad ha de revisar la inclusión de la vacuna en el calendiario vacunal español. Las agencias del medicamento han de intervenir y estudiar estos casos. Urge crear más comités de ética en los ensayos y que estos antes de comenzarse tengan una sólida justificación científica, no sean sólo de carácter comercial, como en la actualidad lo son tantos (comparar un medicamento con otro ya existente para encontrar alguna diferencia con la que crear valor añadido y justificar su venta o una campaña de marketing basada en esos resultados, incluso cuando se descubre que el medicamento probado no es mejor que el ya existente).

Más info: El libro La salud que viene. Nuevas enfermedades y el marketing del miedo (Península, 2009) está dedicado a cómo se fabrican campañas de marketing del miedo como la de la vacuna contra el virus del papiloma humano.

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